miércoles, 20 de julio de 2016

Alberto Compañy: Penas de Oriente.


Penas de Oriente
………..Sí, estoy solo, en medio de este prado, he vuelto; hace poco que he regresado,  necesité hacerlo, tal vez   sentí miedo al pensar  que mis huesos, en ignota tierra pudieran quedar sepultados o será  el destierro que ahora me pesa insoportable. Me fui muy joven de aquí, ni veinte tenía cuando mi partida; pasó mucho tiempo después de aquél día, pero ¿qué es el tiempo? me pregunto ahora, a veces  dudo hasta de que exista,  ya que es intangible y solo no es nada, si no hubiera cosas, si no hubiera  vida, qué sería el tiempo?  Yo veo los cambios, cambian  las cosas y cambia  la vida, lo cierto es que estoy nuevamente en mi casa, que ya no es la misma, acá vivíamos mis padres, mis abuelos paternos y yo, ahora he quedado solo. Por vivir se muere, es inevitable, y entonces ocurre. Todo este entorno también es  distinto a lo que recuerdo,  había otras casas, ésta no era la única como hoy, mi memoria reconstruye un paisaje donde vivían también  mis vecinos en las suyas, precarias como la mía. Había ganado,  huertos, praderas y flores, quien más, quien menos hacíamos lo mismo. Los niños participábamos en los trabajos rurales, aunque nosotros no lo veíamos como tal, era una forma de vida, no una actividad laboral. Hoy ya no están aquellos prados con sus abejas, los teros y los cardos, ni esas mariposas blancas y amarillas que abrevaban en los charcos del verano tórrido, la gente tampoco  está, se ha ido, algunos al pueblo, allí es más moderno; creo que creyeron, hay  corriente eléctrica y otros elementos, es cosa muy cierta, yo no dudo de eso. También la ciudad se llevó a unos cuantos, allí hasta la lluvia con su olor a ozono que a mí me gustaba al igual que  a ellos, ahora es molesta, cosas que cambiaron, parece mentira. Otros simplemente, viviendo se fueron.
Hoy  no reconozco  mi paisaje, quedó como nunca, liso y rasado, nada sobresale, en él no hay un árbol que pueda ufanarse de mirar desde alto sus  palomas mansas  cuidando las crías,  ni un  molino gira, el viento está ocioso, ya  los barriletes no piden su ayuda. Todo ahora es  verde, pero un verde bobo, con flores, tacañas que hasta las abejas rechazan por   yermas y  buscan en vano, como en ese antaño, posarse en el trébol o libar ruidosas  espinosos cardos.
 Al llegar al pueblo recién  me he enterado,  no la conocía, cultivos de soja, según me dijeron traída de oriente, yo en pasados años por  allá he andado, he visto cuan viejo de milenios es todo, de allí nada nuevo  creo yo que venga.  Pensé que, a la gente mucho serviría, seguro se come, creí atolondrado, será como el trigo, el maíz, la leche, las papas,  quizá se hará vino con lo cosechado. Yo me dije entonces, si eso reemplazamos será con buen tino. Qué errado que estaba! cuánta mi ignorancia! me han dicho en el pueblo que se exporta toda, así como sale, sin tocarle nada, la llevan los chinos otra vez a oriente, la pagan con dólares, eso sí que es bueno! dije  en arrebato, los repartiremos, no he aprendido nada, siempre fui un ingenuo. Es un buen negocio y con eso basta, cosas del progreso, también me dijeron.
   Está anocheciendo y se pone frío, coloco en la estufa unas leñas  secas de las tantas ramas que las tormentas del pasado verano quitaron a  los eucaliptus, aquellos que yo mismo planté cuando niño y que han crecido hasta alcanzar esos altos nidos que las cotorras tienen allá arriba, yo lo hice, de otro modo me costaría creer que aquellas diminutas semillas de hace 50 años sean hoy estos gigantes y ahora sus pequeños despojos son mi calor, linda simbiosis y qué simple, pienso mientras hago a un lado las brasas y coloco  papas, batatas y una rodaja de calabaza que un ancestral impulso me lleva a cultivar en el huerto que se erige lozano  donde antes balaron terneros, luego de una hora serán mi cena. Doy presión al Bram-metal a kerosene y  las   sombras se alejan más allá del ventanal, donde están los grillos.
Contemplo las llamas, juego con las brasas, pero estoy pensando en eso de la soja, tal vez exagero, quizá es posible que estos frutos  que veo dorarse con el calor envolvente de los eucaliptus hayan sido reemplazados por los dólares de que me hablaron en el pueblo, yo no sé qué ha pasado, pero acá no ha quedado nada ni nadie, sólo soja. Hasta esa chacrita, de los Maturana, de aquí muy muy cerca pasando el camino que lleva hasta el pueblo, los niños, los cuatro conmigo jugaban. Cuando ellos se fueron, después que vendieron, con los nuevos dueños vinieron las máquinas, con oruga y pala, un gran  pozo hicieron y enterraron todo, molino, corrales, galpones, frutales y hasta la tapera metieron al  hoyo, ignominia y tumba para tanta historia. Por eso me dicen que ahora no hay nada, nada más que el aire y soja sembrada sobre la memoria que quedó enterrada.
Me duele que la tierra sea hoy sólo  un negocio, un factor de producción, como  dicen los economistas, aquellos de las ecuaciones  keynesianas que miden en dinero la conducta humana, que la bañen con venenos químicos. Cuando me contaron quedé conmovido, me han dicho al pasar que biocidas se llaman, ¡cuánta insensatez! ¡ matador de vida! con eso me basta, no puede ser bueno quien mata la vida. Siento gran angustia, quiero ir ahora, pero es noche oscura, mañana temprano llegaré hasta el pueblo, volveré a mirarlo, hablaré a su gente, gritaré a los vientos, veré si convenzo que es bueno que el aire, la tierra y el agua vuelvan a ser limpios, que los niños jueguen, escuchen los pájaros corran mariposas, vuelen barriletes y dejen que oriente sea lo que ha sido, un lugar lejano, bien desconocido.

                                                                       Alberto Compañy


Taller Literario: Los Quirquinchos.

Coordinación: Susana Rozas 2016.




domingo, 10 de julio de 2016

Vecinos de Raymond Carver

Vecinos

“Neighbors”
Bill y Arlene Miller eran una pareja feliz. Pero de vez en cuando se sentían que solamente ellos, en su círculo, habían sido pasados por alto, de alguna manera, dejando que Bill se ocupara de sus obligaciones de contador y Arlene ocupada con sus faenas de secretaria. Charlaban de eso a veces, principalmente en comparación con las vidas de sus vecinos Harriet y Jim Stone. Les parecía a los Miller que los Stone tenían una vida más completa y brillante. Los Stone estaban siempre yendo a cenar fuera, o dando fiestas en su casa, o viajando por el país a cualquier lado en algo relacionado con el trabajo de Jim.
Los Stone vivían enfrente del vestíbulo de los Miller. Jim era vendedor de una compañía de recambios de maquinaria, y frecuentemente se las arreglaba para combinar sus negocios con viajes de placer, y en esta ocasión los Stone estarían de vacaciones diez días, primero en Cheyenne, y luego en Saint Louis para visitar a sus parientes. En su ausencia, los Millers cuidarían del apartamento de los Stone, darían de comer a Kitty, y regarían las plantas.
Bill y Jim se dieron la mano junto al coche. Harriet y Arlene se agarraron por los codos y se besaron ligeramente en los labios.
—¡Divertíos! — dijo Bill a Harriet.

Los poemas de Omar D'Agostino

Coplas                                    
El viento coge las ramas                       
Sueltas del árbol seco
En mi corazón las llamas
No recogen ningún eco

Sufro desde que te vi
Y sufro porque te quiero
Cuanto estoy sufriendo
Desde que te conocí

La mujer que quiere a uno
Difícil que quiera a dos
Y si estos se les cruzan
No se quedan con ninguno

El vino como el amor
Se saborea despacio
El sabor y los aromas

Pueden causarte sopor.

El paraje que encontré              

Me pareció solitario
Me faltaba compañía
No se si la encontrare
 
Apareció de la nada
Enmudecí de sorpresa
Daba vueltas mi cabeza
Al verla tan desrropada

Al arrimarme me huyó
Y al preguntarme porqué
Por torpeza me dije yo

No volverá a suceder
Pensé para mis adentros
y el encuentro no se dio.

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Poema


Amarillos trigales en la pampa
De la madre tierra son sus frutos
De sus tallos flexibles por enjutos
Granos enteros sumidos en morteros
Harina fresca y blanca al panadero
Fabricante del pan con esos frutos
Que un hombre avientó en los surcos
Para bien y alimento de los mundos.
TEXTOS de OMAR D'AGOSTINO

Taller Literario: Los Quirquinchos 2016
Coordinación: Susana Rozas.