Casa
Qué soledad! Qué soledad, Dios mío! Nadie ni el ermitaño más
austero vive tan solo como una casa abandonada. Una casa ha nacido para que le
habiten, mientras que un hombre puede imponerse, si se le antoja, el
apartamiento salvaje y desnudo del desierto. Una casa no…una casa no…Vacía no
se justifica, y se transforma en algunos monstruos, contra
natura…peligrosísimo… se llena de sombras. Por dentro, llena de sombras que no
discriminan entre el día a la noche. La noche, tan sola y tan mía. Iluminada
vagamente tan solo por la luna, la única que casi podría llamar “compañía”,
(creo mi propia mentira para consolarme y sentir que no estoy tan sola, que a
veces ella escucha mis decadentes monólogos) recuerdo que hace tiempo yo la
comparaba con los luminosos relojes de los edificios públicos, mis amigos, mis
compañeros, que lastimosamente algunos ya son escombros, otros están tirados al
abandono como yo y en el peor de los casos, algunos son bastos centros
comerciales.
Porque así somos tratados, olvidados por los hombres de
aquí, que creen que el progreso es tirarnos a la basura y vivir en bellos y
modernos monoblocks, en los cuales si instalan una heladera, no hay espacio
para la cocina, y si disponen de ese bello sillón de cuero de vaca muy mullido
y esponjoso, pues ya no pueden caminar sin tener que dar media vuelta y avanzar
de costado. Pero, eso es confort y
progreso, mi querida amiga, y el LCD que se escucha por todo el edificio.
Comienza mi monologo nuevamente esta noche, bajo una molesta
llovizna, el asfalto se humedece y refleja la escasa luz amarilla de los
faroles haciéndola brillante y acuosa. Un noctámbulo fuma bajo esta luz (a mi
último inquilino le hubiera fascinado ese paisaje urbano y seguramente habría
hecho fotos de él, porque claro, antes se interesaban por esas pequeñas cosas).
Este es mi canto nocturno, humilde y humillado, triste como un par de medias
tirados en un rincón. Pero esperanzado de que algún día el eco de esos pasos
que a veces percibo, se acerquen y escuchen, y amanezca hacia un país mejor.
Carolina Gatti
Taller Literario de Los Quirquinchos 2015
Coordinación: Susana Rozas


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