La
vida sin reloj
….pero
si acabo de acostarme. Y ya suena el timbre. Seis y cuarto. No puede ser. Siete
y cuarto, acaso. Más cerca Ocho y cuarto. Este despertador será un portento de
relojería suiza, pero sus agujas son tan finas que apenas si se ven. Nueve y
cuarto. Tampoco. Los espejuelos. Diez y cuarto. Eso sí. Además, el día se pinta
en color de media mañana sobre el amarillo de las cortinas… sí, es verdad, ahora veo claramente, por
esa convención humana que llaman hora, debo aceptar que son las Diez y cuarto.
Pensando bien, qué puede significar que sean las diez y cuarto?, en todas
partes son las diez y cuarto?; no, en Chile son las nueve y cuarto, en Italia
son las tres y cuarto pero de la tarde, y que cambia eso? Si ahora el mundo
decidiera explotar, unos moriríamos a las diez y cuarto, otros a las nueve y
cuarto y otros a las tres y cuarto, y cuál sería la diferencia? Este uno de los
tantos corsés que el hombre ha creído necesarios imponerse para vivir. Me
parece ridícula la dependencia que el organismo más evolucionado del planeta
tiene con un engranaje que sólo gira y que cual postas en el camino va
ordenando cuándo se debe dormir, cuándo comer, cuándo salir, cuándo entrar,
cuándo hacer el amor, y hasta cuándo morir; sí, tal cual, el reloj nos ha
puesto fecha de vencimiento. Nacemos y pasados cincuenta mil giros de la
agujitas quedamos fuera de la vida. Sin reloj no habría viejos, la gente
moriría así de golpe no teniendo edad, sólo habiendo vivido, mucho o poco, eso
es relativo, sí, relativo a cosas que por lo general dependen de uno mismo
-siempre caben excepciones, claro- La
gente fue educada con el concepto de que ese guardia de nuestra vida es el
coordinador de las relaciones en la sociedad y gracias a sus órdenes podemos
hacer todos lo mismo simultáneamente, que no significa mejor. Admito que es
así, pero no estoy de acuerdo con que sea así. Si lo estuviera aceptaría ser un
soldado de tropa en un mundo militarizado, no habiendo para mí otra tarea que
no sea obedecer a esa maquinita; una maquinita que me va descontando
inexorablemente con cada uno de sus latidos, el tiempo que ya he gastado. Me
rebelo ahora y acá, tengo deseos de dormir y lo haré, por lo demás, hay allí un
mundo maravilloso, viviré en él con lo que él me dé, y comeré cuando me vengan
ganas, y descansaré cuando esté cansado y buscaré a la gente cuando lo desee y
moriré cuando llegue el día, y no sabré cuántos años tengo y entonces no seré
joven ni seré viejo y…. no me importa, porque habré sido libre.
Continuando a Alejo Carpentier.
Alberto Compañy
Taller Literario Los Quirquinchos 2015
Coordina: Susana Rozas.



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