domingo, 28 de agosto de 2016

Cálidos amaneceres, poema de Francesco Savy

Cálidos amaneceres

¿Por qué nos detenemos a apreciar lo oscuro?
si la vida reboza de cálidos amaneceres.

Si es la oscuridad sinónimo de temor,
¿por qué no resaltar la belleza de las estrellas?,

que iluminan a los seres en son de paz.
Si es la lluvia cuestión de tristeza,

¿acaso el arcoíris no es símbolo de placer?.
Si la guerra es pavor y odio,

¿no es dulce la justa victoria?.
La vida es oscura, si es aquello lo que se busca apreciar,


la vida es bella, puramente lo es…

 Francesco Savy
Taller Literario Los Quirquinchos
Coordina: Susana Rozas

Acuerdo, un cuento de Alberto Compañy




Acuerdo





…….Comenzaron a despedirse junto al ascensor, bajaron los cuatro; ya en el hall Clara y Elisa se tomaron de la mano sin decir nada. Andrés y Walter hablaban pausadamente, como forzando sus palabras, estaremos algunos días en las montañas, luego tal vez en el mar, a mí me encanta; pero sobre todo es bueno para Elisa, parece que la ciudad la ha saturado dijo Walter, le sucede a menudo y ésta es una buena terapia, después todo vuelve a ser normal y retomamos la rutina. Claro dijo Andrés, es necesario un descanso, sobre todo para ella, la veo algo preocupada, igual le sucede a veces a mi Clara, bueno sería que compartiéramos las próximas vacaciones. Me parece una excelente idea, estoy de acuerdo, te diré más, ya me lo ha sugerido Eli, ustedes son muy agradables, es una suerte tenerlos de vecinos, oh! gracias, me harás lagrimear, se abrazaron. Vamos Eli, dijo dando un beso en la mejilla a Clara. Buen viaje, cuidaremos vuestro departamento y a Michy.
El televisor había quedado encendido cuando los vecinos llamaron para despedirse hace ya media hora, al entrar, la pantalla mostraba una discusión baladí como casi siempre ocurre en esos programas en los que se analizan los resultados de la reciente jornada deportiva con una pasión desmedida a la luz de la importancia que ello tiene en la vida de los ciudadanos. Ambos estaban pensativos, el banal debate no les interesaba, apagaron el aparato y se sentaron juntos en el amplio sillón, fue Andrés quien rompió el silencio que ya le pesaba al ver el mutismo de Clara, dime que te parece si compartimos nuestras próximas vacaciones con los vecinos, a ellos les agradaría, me lo acaba de decir Walter, con quien tengo muy buena afinidad y estoy seguro que a ti te pasa igual con Elisa, me lo sugieren las manos entrelazadas de ambas recién al despedirnos, dijo acariciando el lacio cabello de su esposa, oh! sería hermoso Andy, me gusta.
Llevaban diez años de convivencia matrimonial, no tenían hijos, siempre parecieron felices.
 Es viernes, la cena transcurre con menos prisa cuando antecede a un feriado, conversaron e hicieron planes, hablaron de fechas tentativas y el asunto quedó sellado, brindaron con el malbec que trajeron de Mendoza en sus últimas vacaciones; luego fue Clara quien encendió nuevamente el televisor y buscó hasta encontrar la película que había visto en los anuncios “Habitación en Roma”, es un rodaje reciente y con buena crítica soltó como al descuido, buscando la aprobación de Andrés, decidieron mirarla, luego, ya tarde, sin comentarios, durmieron.

Por la mañana salieron juntos a correr por el parque, después de un baño en el que compartieron la ducha desayunaron y fueron al shoping. Optaron por unalmuerzo frugal en el mismo local. Debemos atender a Michy dijo Clara, no está en nuestra rutina y temo olvidarme, tienes razón, yo ya no lo recordaba.

El departamento de los vecinos era grande y luminoso, aunque por la ausencia de sus ocupantes el living estaba ahora oscuro con las cortinas cerradas, Clara las corrió, buscó el alimento en la despensa y sirvió en abundancia a la inquieta gata con lo que ésta dejó de perseguirla estimulada por el aroma a pescado que emanaba de los rojizos gránulos. Estuvo un tiempo pensativa, luego como sonámbula se dirigió al guardarropa de Elisa , lo abrió, aspiró el perfume que emitían las prendas prolijamente colgadas, pasó su mano sobre cada una, se detuvo en un vestido de un celeste muy tenue que ella misma le había regalado para su cumpleaños, lo acarició, sigilosamente lo descolgó y se lo puso, caminó unos pasos, cerró nuevamente el cortinado junto al balcón, encendió la luz en su versión más difusa, se sentó a la mesa, frente al gran espejo de la pared opuesta. Aunque, ella no fumaba habitualmente, tomó un cigarrillo de los que había allí, lo encendió tal como lo hacía Elisa, miró la imagen reflejada, aspiró hasta ver el rojo destello sobre los labios y guiñó un ojo, en silencio, apoyada en el respaldo de su silla, fumó muy lentamente hasta dejar una pequeña colilla, secó sus lágrimas y muy despacio volvió al guardarropas. Se sobresaltó cuando oyó en la puerta el simultaneo repiqueteo de los nudillos y la voz de Andrés, te sucede algo Clara? Perdón, creo que me he dormido en el sillón esperando a que Michy termine su comida, además he estado en el baño, creo que alguna alergia a estas alfombras me ha estimulado los lagrimales e irritado los ojos, seguramente, es probable, dijo Andrés y la tomó de la mano mientras salían. Ya en su departamento él dijo pensativo, sabes Cla, a mí también me ha saturado esta ciudad, deberíamos mudarnos. Ella siguió callada, después de un largo silencio dijo finalmente, vale la pena probar, estoy de acuerdo.


Alberto Compañy


Taller Literario Los Quirquinchos
Coordina: Susana Rozas.

Aforismos de Omar D'Agostino

AFORISMOS 1
El camino hacia tu doctorado, esta sembrado de espinas no les temas son las mismas que te impedirán mañana arrodillarte ante los poderosos por ignorancia.

La soberbia es una escalera muy particular en la vida del hombre, cuanto mas alto subes por ella mas te alejas de DIOS

Si sabes conformarte con lo que tienes lo tendras todo de lo contrario aunque tengas todo  siempre te faltara algo
                                               


Recuerda que tu mejor obra es aquella a la cual le has puesto el ojo mas critico, y nunca olvides que tu mejor obra¡¡¡¡ debe ser tu hijo¡¡¡

Cuando tu único valor es el dinero, tu patrimoño mas grande será la soberbia.


Cuando nos parece que el semejante, no merece lo que tiene,estamos olvidando que cada uno tiene lo que merece


Taller Literario Los Quirquinchos
Coordina: Susana Rozas


Omar DÁgostino

miércoles, 10 de agosto de 2016

La nativité du '39. Francesco Savy

Taller Literario Los Quirquinchos


“La nativité du ‘39” (La navidad del ‘39)
  La tarde se prestaba para viajar al pasado. Béatrice, una anciana de 85 años residente del barrio de Flores, descansaba en su jardín, recostada en la reposera, bajo un gran ombú, observando detalladamente imágenes de un pasado anhelado. Mientras la brisa pegaba sobre su pecho, llenándola de nostalgia cuando recordaba sus delicadas vivencias en su madre patria, o como ella solía decir, la France. Observaba así, los recuerdos que un viejo baúl se encargó de guardar, momentos dorados destruidos por la oscuridad de la guerra.

  Cada foto era testigo de un momento clave en la vida de la entonces niña de pelo rizado. Fue así, como la atención de la anciana se fijó en una foto muy especial. El llanto no tardó en llegar y las lágrimas comenzaron a caer sobre la imagen, absorbiendo la tinta ya deteriorada y apagada por el paso del tiempo. La fotografía mostraba a toda la familia en “la campagne” (“la campiña”) nevada de los abuelos, como Béatrice solía llamarla cuando contaba anécdotas y vivencias a sus hijos y nietos en aquel lugar donde alguna vez fue feliz. En el centro de la foto se aparecían los abuelos, Louis y Élisabeth, a la derecha de la abuela, Gérard y Jacques, los padres de Béatrice. Al lado del abuelo, sus hermanas, Válerie y Nathalie, y de la mano de su madre, la joven Betty (como solían llamarla de niña)  de tan solo 8 años, fuertemente aferrada al regalo de navidad de sus abuelos, una muñeca alemana, de las mejores del momento. En el dorso de la fotografía, escrito con tinta y pluma de pavo, decía: “Nativité du ‘39” (“Navidad del ‘39”). Fue ahí cuando Béatrice comenzó a temblar y dejó caer la imagen sobre su regazo, mientras lloraba desconsoladamente. Fue aquella, la última navidad que Béatrice celebró junto a sus abuelos. La guerra y la invasión Nazi en Francia hicieron que Betty y su familia se muden a la Argentina en busca de una vida mejor, dejando atrás recuerdos, bienes, a su madre patria y a sus abuelos, todo por el simple hecho de ser judíos. 

  Repentinamente, el timbre sonó. La anciana secó sus lágrimas, guardó la foto y se dirigió a paso lento a la puerta. Era el cartero, quién traía un paquete de destinatario desconocido. Al cerrar la puerta, Béatrice comenzó a observar el regalo, si acaso se trataba de uno, y empezó a imaginar que habría dentro de él, finalmente optó por abrirlo. Primero rompió el papel delicadamente, mientras buscaba una dirección, tarjeta o información de quien pudiera haber enviado la misteriosa encomienda, éste solo tenía una estampilla que indicaba que procedía de Francia. Luego abrió la caja, cortando la cinta que pegaba la tapa con una tijera. Al ver lo que había dentro se quedó paralizada, su piel se erizó y dejó de respirar por un instante… era la muñeca alemana que sus abuelos le habían obsequiado en la navidad de 1939, en perfecto estado, con sólo algunos deterioros propios del tiempo, era exactamente su muñeca, ya que tenía las mismas ropas que su abuela le había tejido. La procedencia de Francia tenía sentido, porque esta era una de las tantas cosas que la familia se había visto obligada a dejar allí. La anciana tomo cuidadosamente a la muñeca y una serie de extrañas sensaciones corrieron por su cuerpo, nostalgia, alegría, tristeza y melancolía... Curiosamente, Béatrice comenzó a sentirse mareada y calló desplomada en el suelo frío de la sala… ¿Era acaso este su lecho de muerte?... lo cierto es que Betty comenzó a agonizar y momentáneamente se vio corriendo en la nieve, de niña, a campo travieso, sosteniendo con una mano a su muñeca alemana, mientras el viento pegaba en su cara agitando su cabello rizado. En eso se detuvo y oyó que alguien gritaba: ¡Betty! ¡viens chérie! (¡Betty! ¡Ven querida!), era su abuela, quién la llamaba para sacarse una foto en familia, para luego enviarle al resto de los parientes. Béatrice corrió y, mientras todos se acomodaban observando al tío Henri, quién tomaba la foto, se colocó  de la mano de su madre apretando fuertemente su muñeca. Fue entonces cuando la anciana dejó caer una lágrima sobre la foto, mientras la observaba muy emocionada, reposando en su jardín, dónde la brisa hacía caer las hojas del gran roble bajo el que se encontraba. En eso sonó el timbre: era el cartero, quién traía un paquete… 
                                                                                     
 Francesco Savy
















Coordinación: Susana Rozas

martes, 9 de agosto de 2016

Cuentos, de Omar D'Agostino "El ardor de la sangre" y Mentira.




Taller Literario Los Quirquinchos

El ardor de la sangre

Soy viejo y pobre, y estoy soltero ;vivo encerrado en una casa de labranza
En medio del bosque. Saben que he viajado, que me comí la herencia;hijo
Pródigo, cuando volví a mi tierra natal, hasta el borrego cebado se habia
Muerto de viejo, tras esperarme tanto tiempo. A pesar de todo, me siento muy
Bien aquí; La casa es acogedora, con una gran chimenea, que hay que alimentar
Con troncos de leña seca; pero que produce un calor reconfortante, que se distribuye por todos los ambientes; lo que me permite en invierno, dormir bien, sin demasiadas cobijas, que me producen una sensación de ahogo; asimismo puedo saborear el delicioso café matinal, acompañado de huevos de codornices fritos, que yo mismo recojo en el monte que rodea la casa, la cuál se mantiene templada, con el fuego de la noche, cosa que aprovecho, para arreglar la cama, limpiar la cocina, barrer las cenizas, y otra tareas más propias de mujeres, que no dispongo, y por lo tanto debo afrontar; a todo esto el sol, con sus rayos luminosos, derrite la nieve de junio, y me permite salir, a intentar sacar agua de la bomba, para llevar al cobertizo  dónde pernotan mi yegua de montar, y mi vaca lechera, junto a algunas aves y animales menores.
No se muy bien si mis días son monótonos, aburridos o únicos, no losé a ciencia cierta, lo único que se, es que pasan rápido, y que viviendo solo a dos leguas de un pequeño poblado, tengo que utilizar la sesera para mantenerme, sin depender tanto de mi pobre jubilación; por eso cuando el tiempo lo permite, cargo mis arneses de pesca, y camino dos km al norte, por una senda estrecha, entre pinos , abedules, y toda clase de malezas, hasta una laguna grande y mansa, de la cuál con bastante paciencia, me proveo de sabrosos peces, que he aprendido a asar en ese mismo lugar, con lo cuál, me alimento, no gasto dinero y no ensucio la casa, que es lo que más me interesa. Siempre retorno para la hora de alimentar los animales, y de encender la estufa para la noche, que acorto con un buen libro, algún cafe ,y alguna copita de coñac.  A veces, se me da por pensar, que no es bueno lo que estoy haciendo, puesto que he abandonado todo lo que mi difunto padre atendía diariamente con devoción; así es que no me he ocupado del monte frutal, compuesto por durazneros, cítricos, higos, manzanos y peras, y hasta una vieja parra, que aún produce racimos, pese a la falta total de atención que le dispenso; también sé, que debería darle una mano de pintura a la vieja casa y un poco de cal al cobertizo y a los palos del  alambrado. Me prometí, no con mucha convicción, que a la mañana siguiente, empezaría a ocuparme de todo esto; tuve un sueño reparador y tranquilo, como si todo aquello que había cavilado, me hubiese infundido  una paz, que hacía mucho no experimentaba.
Amaneció, un día frio pero luminoso, el sol de las ocho, me daba en la cara a través de los vidrios medios   sucios del ventanal que miraba al naciente; aún se sentía el calorcito que brotaba del rescoldo de las brasas en el hogar. Como era mi costumbre, intentaba lavarme en la bomba del patio, el agua fría me despejaba totalmente y me dejaba como nuevo, para encarar el día con ganas y alegría, o sea que bien podría agradecerle al Sor, lo que estaba viviendo……….
Tendría mas  o menos 20 años, cuando abandoné esta casa paterna, dejando a mis padres en absoluta soledad y desesperanza; mi único hermano, había actuado de la misma forma, y a los tres años de su partida recibimos la noticia de su fallecimiento, en un accidente marítimo, como a cien kms de la costa de Usuáhia, esto nos dejo a los tres en un estado de desesperación imposible de describir, mi madre prácticamente murió con él ese mismo día, y no le vi jamás una sonrisa, además de que permanentemente la encontraba llorando en cualquier rincón de la casa; mi padre estaba en el mismo estado de angustia,pero no lo demostraba, lo que me hacía pensar que eso le producía más daño interior, al no poder demostrar su dolor, para darle algo de valor a mamá.
Prácticamente la casa estaba habitada por tres fantasmas, que no tenían, otra comunicación que monosílabos obligados, como , los buen día y hasta mañana, no se escuchaba radio, ni televisión, ni gritos ni risas de ninguna especie, todo lo cuál nos hacía más daño día a día, pero no encontraba yo la forma de revertir, tan angustiante situación.
Las noches, eran casi, tan terribles como los días, puesto que nadie podía conciliar un sueño reparador, insomne en mi cama, oía los pasos de papá por la cocina, y el llanto quedo y desgarrador de mi madre en la cama, en el amanecer de cada día la veía mas pequeña y más ojerosa; y lo triste era que por mas que pensara no conseguía hilvanar algún tipo de consuelo o alivio para semejante tortura, tampoco lo consiguieron los médicos y los fármacos que le recetaron.
Pasaba horas enteras solo, cavilando, y cada vez se hacía más carne en mi, la idea de que mi hermano me llamaba, lo recordaba nítidamente en todos los juegos de nuestra infancia, y por momentos se me hacía tan real que me parecía que podía tocarlo y abrazarlo, algo interior, me impulsaba a pensar que debía seguir su derrotero, a sabiendas de que esto iba a terminar con la vida de mis padres, no lo podía superar, la ansiedad era cada vez más fuerte, y un ARDOR EN LA SANGRE que corría por mis venas, no me dejaba razonar ,.Al cabo de dos meses, me decidí a partir, me fuí cobardemente, de noche y  sin despedirme, lo hice en una larga carta ,que deje sobre la mesa, y no recuerdo por cuanto tiempo me persiguió la idea de que había hecho una canallada atroz sin perdón de DIOS.