domingo, 28 de agosto de 2016

Acuerdo, un cuento de Alberto Compañy




Acuerdo





…….Comenzaron a despedirse junto al ascensor, bajaron los cuatro; ya en el hall Clara y Elisa se tomaron de la mano sin decir nada. Andrés y Walter hablaban pausadamente, como forzando sus palabras, estaremos algunos días en las montañas, luego tal vez en el mar, a mí me encanta; pero sobre todo es bueno para Elisa, parece que la ciudad la ha saturado dijo Walter, le sucede a menudo y ésta es una buena terapia, después todo vuelve a ser normal y retomamos la rutina. Claro dijo Andrés, es necesario un descanso, sobre todo para ella, la veo algo preocupada, igual le sucede a veces a mi Clara, bueno sería que compartiéramos las próximas vacaciones. Me parece una excelente idea, estoy de acuerdo, te diré más, ya me lo ha sugerido Eli, ustedes son muy agradables, es una suerte tenerlos de vecinos, oh! gracias, me harás lagrimear, se abrazaron. Vamos Eli, dijo dando un beso en la mejilla a Clara. Buen viaje, cuidaremos vuestro departamento y a Michy.
El televisor había quedado encendido cuando los vecinos llamaron para despedirse hace ya media hora, al entrar, la pantalla mostraba una discusión baladí como casi siempre ocurre en esos programas en los que se analizan los resultados de la reciente jornada deportiva con una pasión desmedida a la luz de la importancia que ello tiene en la vida de los ciudadanos. Ambos estaban pensativos, el banal debate no les interesaba, apagaron el aparato y se sentaron juntos en el amplio sillón, fue Andrés quien rompió el silencio que ya le pesaba al ver el mutismo de Clara, dime que te parece si compartimos nuestras próximas vacaciones con los vecinos, a ellos les agradaría, me lo acaba de decir Walter, con quien tengo muy buena afinidad y estoy seguro que a ti te pasa igual con Elisa, me lo sugieren las manos entrelazadas de ambas recién al despedirnos, dijo acariciando el lacio cabello de su esposa, oh! sería hermoso Andy, me gusta.
Llevaban diez años de convivencia matrimonial, no tenían hijos, siempre parecieron felices.
 Es viernes, la cena transcurre con menos prisa cuando antecede a un feriado, conversaron e hicieron planes, hablaron de fechas tentativas y el asunto quedó sellado, brindaron con el malbec que trajeron de Mendoza en sus últimas vacaciones; luego fue Clara quien encendió nuevamente el televisor y buscó hasta encontrar la película que había visto en los anuncios “Habitación en Roma”, es un rodaje reciente y con buena crítica soltó como al descuido, buscando la aprobación de Andrés, decidieron mirarla, luego, ya tarde, sin comentarios, durmieron.

Por la mañana salieron juntos a correr por el parque, después de un baño en el que compartieron la ducha desayunaron y fueron al shoping. Optaron por unalmuerzo frugal en el mismo local. Debemos atender a Michy dijo Clara, no está en nuestra rutina y temo olvidarme, tienes razón, yo ya no lo recordaba.

El departamento de los vecinos era grande y luminoso, aunque por la ausencia de sus ocupantes el living estaba ahora oscuro con las cortinas cerradas, Clara las corrió, buscó el alimento en la despensa y sirvió en abundancia a la inquieta gata con lo que ésta dejó de perseguirla estimulada por el aroma a pescado que emanaba de los rojizos gránulos. Estuvo un tiempo pensativa, luego como sonámbula se dirigió al guardarropa de Elisa , lo abrió, aspiró el perfume que emitían las prendas prolijamente colgadas, pasó su mano sobre cada una, se detuvo en un vestido de un celeste muy tenue que ella misma le había regalado para su cumpleaños, lo acarició, sigilosamente lo descolgó y se lo puso, caminó unos pasos, cerró nuevamente el cortinado junto al balcón, encendió la luz en su versión más difusa, se sentó a la mesa, frente al gran espejo de la pared opuesta. Aunque, ella no fumaba habitualmente, tomó un cigarrillo de los que había allí, lo encendió tal como lo hacía Elisa, miró la imagen reflejada, aspiró hasta ver el rojo destello sobre los labios y guiñó un ojo, en silencio, apoyada en el respaldo de su silla, fumó muy lentamente hasta dejar una pequeña colilla, secó sus lágrimas y muy despacio volvió al guardarropas. Se sobresaltó cuando oyó en la puerta el simultaneo repiqueteo de los nudillos y la voz de Andrés, te sucede algo Clara? Perdón, creo que me he dormido en el sillón esperando a que Michy termine su comida, además he estado en el baño, creo que alguna alergia a estas alfombras me ha estimulado los lagrimales e irritado los ojos, seguramente, es probable, dijo Andrés y la tomó de la mano mientras salían. Ya en su departamento él dijo pensativo, sabes Cla, a mí también me ha saturado esta ciudad, deberíamos mudarnos. Ella siguió callada, después de un largo silencio dijo finalmente, vale la pena probar, estoy de acuerdo.


Alberto Compañy


Taller Literario Los Quirquinchos
Coordina: Susana Rozas.

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