sábado, 26 de septiembre de 2015

Carta abierta al ciudadano, Alberto Compañy

CARTA ABIERTA AL  CIUDADANO


 Me dirijo a  Ud., aún sin conocerlo, porque  estoy seguro de que es destinatario de lo que  escribo. Tal vez no le diga nada que  ya no sepa, aunque presumo  que  Ud., al igual que  yo, tiene una deuda social sin saldar, y a ello me voy a referir.
 Deseo hablarle del hambre, pero del hambre profunda, no la que circunstancialmente podemos  padecer, de esa no, yo le hablaré de la otra, la  que genera desnutrición, la que se va incorporando al cuerpo y se hace norma y como tal se convierte en “crónica”, esa  que mata, de esa le quiero hablar.
  Haré  primero unas muy elementales consideraciones. Todos sabemos que el hombre se alimenta de lo que produce el suelo (también del agua, pero no hilaré tan fino). Cuando se dispone de tierra  y de agua  -que no son nuestras limitantes-, sólo se necesita cultivar esa tierra y se cierra la ecuación. Bien, esto es lo que no se hace; pero no crea que ahora voy a decirle que lo que entonces sucede es que quienes padecen hambre crónica son haraganes. No, absolutamente, si eso le dijera llámeme necio. Falta incorporar en la “cultura” el cultivo de la tierra. El hombre primitivo necesitó miles de años para llegar a la agricultura.  La “cultura” era hasta entonces la caza, la pesca y la recolección de frutos naturales. Sin proponerlo he dicho “naturales”, y ahí apareció una clave.  Se ha cambiado el entorno  “natural” de muchas comunidades, ya no existe ese entorno; incluso también hay desplazamientos físicos  desde ambientes rurales a  urbanos,  ese caso es aún más grave, allí se agrega  destierro.
    No crea que me quedaré en la mera descripción, ahora aportaré lo que  creo son soluciones, pero soluciones permanentes, las urgentes seguro las compartiremos, indiscutiblemente pasan por la asistencia. No seré original con mis propuestas, mucho antes de ahora, en el siglo XVI los Jesuitas ya trabajaban con  comunidades para que incorporaran la agricultura  a su cultura, y lo lograron. Nunca hubo hambre en las reducciones. No acepto que hoy no podamos, sería inmoral. Si ahora  me pregunta  por qué le discuto a Ud. y no a un funcionario, le  diré que es porque considero que primero debemos percibirlo  socialmente como necesidad – de ahí que le hablé de deuda social-, y recién entonces podrá convertirse en política. Atentamente.


                                                                 Un ciudadano preocupado.


                                           Alberto                                   Compañy





Taller Literario LQq15. Los Quirquinchos
Coordina: Susana Rozas.

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