Continuación del relato ACEPTO de Alberto Compañy
El árbol y el escritor(Segunda parte de Acepto)
He escuchado atentamente la exposición donde
usted ha desarrollado lo que yo llamaría “fundamentos y restricciones de un
escritor”. En principio debo decirle que
ella ha activado en mí, una inquietud sobre el tema, que le diré, nunca antes había existido; y ahora, en virtud de
ese estímulo, quiero hacer alguna comparación. Disculpe; pero, es que
tengo propensión a comparar cosas que en apariencia pueden mostrarse como absolutamente inconexas, aunque finalmente
revelarán aristas comunes. Le expondré algunas de esas comparaciones.
Recuerde usted que soy biólogo de profesión, y es allí donde
mi imaginario encontró las coincidencias. La biología, coincidiremos, se
ocupa de la vida. Dígame ahora, si un
escritor no es generador de vida?¿ o no
surge acaso de su obra algo que antes no
existía?, de forma que yo veo en un escritor, digamos, una semilla de vida. Le diré más, siempre desde mi mirada profesional. Habló usted de un niño y sus proyectos; permítame preguntarle si esos proyectos, casi
todos abortados – a decir suyo- no
pueden compararse con las innumerables flores de un árbol, que como sabemos,
pueden cuajar en frutos, pero que generalmente mueren sin serlo. Eso es lo
que usted ha dicho, y también dijo que la obra del escritor debe
resultar de interés para sus eventuales lectores,…o para sí mismo. Fíjese
entonces en el árbol que yo imagino y verá que sus frutos sirven a veces para
otros, pero siempre, sirven para él, ya que le permiten perdurar.
Mi estimado amigo, celebro este casual
encuentro que me ha permitido aprender que el
árbol y el escritor son actores de un maravilloso equilibrio natural.

Alberto Compañy
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