miércoles, 5 de agosto de 2015

Entradas en un diario, por Gabriela

Entradas en un diario
                                          Miércoles 20/4/15
Querido Nicanor:
                         Quería escribirte, siento la necesidad, ya que sos el único medio para expresarme. Hubiese comenzado escribiendo “querido diario”; pero preferí darte una identidad para sentir que verdaderamente me encuentro hablando con alguien, en este mundo en el que sólo yo me encuentro inmerso.
Quizás debería haber comenzado mucho antes. No me sentía preparado para hacerlo, tengo mucho que contar, no sé siquiera si alcance el tiempo.
El dolor que me invade no tiene fin, es un círculo que vuelve.
 Los médicos me diagnosticaron trauma psíquico. La causa: exposición personal directa por daño a la integridad física de otra persona, incapacidad de ejercer control.

El recuerdo de aquel sábado 15 de enero permanece intacto en mi memoria, cada detalle, cada palabra. Hasta puedo sentir aún el aroma de la carne al horno que mi esposa, Clara, estaba preparando, puedo ver las manecitas de Gloria, colocando la vajilla nueva sobre el mantel bordado con violetas para ocasiones especiales. La voz de Johnatan diciendo “viejo andá a bañarte que ya vamos a cenar”; la dulce vos de Clara “Amor, ponete la camisa nueva que dejé sobre la cama. Hoy es un día especial y vamos a celebrarlo. Ya veinte años juntos, disfrutando de esta maravillosa familia que construimos”.
Todo parecía perfecto. Besé a mis hijos y abracé, como nunca lo había hecho antes, a Clara, sintiendo un amor inmenso, algo extraño me invadió, me detuve en sus brazos gozando su calor, su perfume. Le obsequié las rosas rojas que a ella le gustaban tanto. Las recibió con una sonrisa, sus ojos transmitían lágrimas de felicidad.
Después, me di una ducha para despejarme del atareado día. Ser bancario no es nada fácil, como se cree. La gente está impaciente, siempre con ceños fruncidos enloquecidos por llegar con los minutos contados, llegar al trabajo, llegar a tiempo para preparar el almuerzo, para llevar a sus hijos a la escuela, llegar a hacer los mandados, llegar a fin de mes, llegar, llegar y llegar. Hoy me pregunto qué es llegar, llegar a dónde.
Me gustaba observar a las personar, tratar de entenderlas a todos los que trataba diariamente. Sentía sus preocupaciones, se reflejaban en su modo de hablar, sus miradas, sus ademanes. No entendía por qué el agobio no les permitía esbozar una sonrisa o un simple saludo de amabilidad; todos estaban en sus mundos. Hoy yo me encuentro en el mío; quizás pueda comprender a alguno de ellos.
Hoy, sentado en este sillón, solo, aislado de la sociedad, vuelvo a revivir aquella fecha en que mi vida daría un giro de 180º.
Cuando terminé de alistarme, recordé que faltaba el vino preferido de Clara.
En este mismo sillón, junto a la ventana, después de cenar, cuando los chicos ya dormían, y nos pusimos a rememorar entre risas y sollozos de alegría, el momento en que nos conocimos.
Éramos felices ya que, para mí la felicidad está hecha de esos momentos.
Eran las once de la noche cuando, desde la puerta grité “vuelvo en cinco minutos”.
Fui al quiosco más cercano que quedaba a un par de cuadras pensando en el vino que quería comprar. Había tres personas delante de mí y doña Pepa, bastante charlatana se demoraba  su buen tiempo con cada uno. Llegó mi turno, compré el mejor vino y retomé el regreso.
Esta parte de la historia es la que más me cuesta escribir porque hasta hoy no pude hablar de ello.
Pero, por hoy es momento de despedirme. Hasta mañana o quizás, hasta que encuentre valor para escribir lo sucedido. Adiós, Nicanor. Sé que pronto nos volveremos a encontrar.
                                                                     23/5715

Querido Nicanor:
                            Hoy estuve meditando sobre lo ocurrido. Puedo sentir el latido de mi corazón que ejerce más de pulsaciones que nunca. Creo que, al fin, me encuentro preparado para contar lo sucedido; es muy difícil, al no poder hablar de ello, sólo los recuerdos vagan en mi cabeza.
Como te conté en mi entrada anterior, fui al kiosco y al regresar a casa presentí que algo no andaba bien.
La puerta estaba abierta de par en par, olor a quemado salía del interior. Me detuve imaginando lo peor, no me atrevía a ingresar, caminé despacio. Era como si mis pies no me dejaran avanzar. Quedé en la puerta, unos instantes paralizado, sentí un frío estremecedor invadiéndome. Respiré profundamente y me encontré allí parado en el comedor, no puedo explicar cómo temblaba, dejé caer la botella. Ninguno de mis sentidos respondía, ni siquiera tuve la capacidad de llorar. Tanta impotencia aún hasta hoy.
Gloria y Johnatan se hallaban en el suelo con sus frágiles cuerpos indefensos, cubiertos de sangre. Parecían dormidos., pero no era así. Mi Clara abrazando sus cuerpos rendidos, con sus lágrimas empapando su rostro, esbozando sus últimas palabras: “perdón, no pude. No pude protegerlos”, mientras se iba lentamente y la sangre llenaba todo. En ese instante no pude reaccionar, no quise ver lo que a mi alrededor estaba ocurriendo. Todo se tornó oscuro y un silencio se incorporó en mi ser. Sentí que era un sueño, nada podía ser real.
 Aún me pregunto por qué no lo hice, por qué no me arrojé en sus brazos sin pensar, diciéndoles cuánto los amaba, cuánto los necesitaba, que no se vayan. Pero todo quedó dentro mío.
Perdón por no protegerlos, me dijo. Qué ironía. Yo debí haber estado allí, no hubiera salido de casa. Hubiera defendido con uñas y dientes a mi familia. Sólo yo, pero no lo hice. Qué karma llevaré hasta el último día de mi vida.
La policía no supo encontrar a los culpables. Ya han pasado cinco meses, sólo abundan especulaciones. Yo sin poder hablar con mil palabras y bronca atragantadas que me ahogan hasta dejarme sin respiración.
Por las noches me despierto transpirado, sin nadie a mi alrededor. Llamo a Clara, a los niños sin obtener respuesta, recorro las habitaciones, simulo que aún están ahí. A veces siento que es tiempo de soltarlos, de dejarlos ir. Y me cuesta, Dios sabe cuánto me cuesta; sé que es egoísta pero soy sólo un ser humano perdido, sin nadie.


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