Coordina: Susana Rozas
Juana Bignozzi nació en el
barrio de Saavedra en 1937, hija de una familia obrera, y se convirtió en un
mito de la poesía argentina en los años 50 y 60.murió el 6 de agosto de 2015.
Vivió en España entre 1974 y 2004, donde trabajó como traductora
de italiano y francés, con autores como Marguerite Duras y Jean Marie Gustave
Le Clézio. De joven militó en el Partido Comunista, donde se vinculó con
escritores, intelectuales y artistas como Juan Gelman, Andrés
Rivera y Juan Carlos Portantiero. En 2000 recibió el Premio Municipal de Poesía
y obtuvo el Premio Konex por el quinquenio 1999-2003. En 2013 la Biblioteca Nacional
le otorgó el premio Rosa de Cobre y en abril de 2014 Adriana Hidalgo Editora
publicó su último poemario Las
poetas visitan a Andrea del Sarto.
POEMAS DE
JUANA BIGNOZZI
Domingo a la tarde
Cuando se sientan frente a frente
amores imposibles, quincallería amistosa,
tipos que se atrevieron y esa mujer intensa
que lleva augurios a felicidades que nunca
entenderá,
la buena gente desecha las malas palabras,
la buena gente dice todos tienen
posibilidades en la vida,
sienten crecer su amor por esa mujer
intensa,
tan sola, que vivirá siempre detrás de una
ventana
y todo lo que le ofrecen está demasiado
azucarado.
La vida plena
A algunos les han quitado las ganas de
hablar,
pasan mudos por el amor, aman perros
vagabundos
y tienen una piel tan sensible
que nuestros pequeños saludos cotidianos
pueden producirles heridas casi de muerte.
Nosotros, seres amables e inofensivos,
miramos los gatos enfermos, las mujeres con
collares
que pasan por la calle
y sentimos un desamor agradable,
casi suficiente.
Soy una mujer sin problemas
Todos lo saben
y entonces buscan mi compañía para charlar
por las noches.
Sin embargo yo conozco a alguien que quiere
morir en paz consigo mismo
y me produce estremecimientos, insomnio,
soledad,
porque la paz conmigo misma sería una guerra
sin fin,
dos o tres asesinatos inevitables y alguna
entrega desmedida
que no entra en mis planes.
Sin embargo yo sueño por las noches
con un jardín inmenso donde los muertos se
levantan para saludarme;
yo sueño con un hombre que me inquieta y
como lo ignora
me habla amigablemente del resto del mundo
y de mis múltiples amores, tan simpáticos,
tan apropiados como tema de conversación.




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